Salsipuedes: Emotiva recordaciòn.-

Hoy a media mañana culminò la programaciòn en recuerdo a los 180 años de los tristes acontecimientos de Salsipuedes, frente al memorial charrùa, Betum-Artasam-Baquiu.- Autoridades departamentales, encabezadas por el Intendente departamental, Bertil R. Bentos; agrupaciones indigenistas; Aparcerías; Descendientes indígenas, se dieron cita en el emblemático lugar a orillas del arroyo Salsipuedes, donde se cumplió un  y  emotivo acto donde hicieron uso de la palabra: Mònica Michelena en representación de la agrupación Basquadè Inchalà; Dr. Javier Miranda, director de Derechos Humanos del Ministerio Ministerio de Educación y Cultura; Escritor e Investigador, maestro Gonzalo Abella; Intendente Departamental, Bertil R. Bentos.- Posteriormente se solicitó un minuto de silencio por los inocentes caídos en la emboscada gubernamental; Lectura del  “Mensaje de los Pueblos”  -transportado por las Aparcerías-, y ofrenda de éste en las aguas de la “Laguna de los Recuerdos”.-

(Ampliaremos).-

8 comentarios sobre “Salsipuedes: Emotiva recordaciòn.-

  • el octubre 25, 2011 a las 11:04 pm
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    Estimados. El Uruguay, se fundó sobre la base del terrorismo, por un grupo de ojos tapados, rateros, y criminales, bucaneros, que despojaron a los autóctonos de su sociedad. Eran nòmades los llegados, mientras los de acá, eran territoriales, lugareños. Nunca conquistaron a la Europa actual. Rivera, era un peón con camisa de seda, vendido a los extranjeros. Un traidor a los suyos. Un utilizador de la fuerza de los de acá. Pobres indios como gustan decir, y Artigas, pobrecito. Murió en pata en el Paraguay, y este otro realizando carnicerías a diestra y siniestras. Ustedes, los escritores, deben ser europeos por cierto.

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  • el octubre 20, 2011 a las 12:09 pm
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    La verdad que es patético que acompañando a esta fantochada donde guardaron “silencio de los inocentes” (hasta nombre de película de terror) haya estao el Dr. Miranda, y el intendente Bentos.

    Lo de Salsipuedes no fue un ataque contra los charrúas, fue un ataque a un malón que iba en contra de la república y su desarrollo. Los charrúas fueron diezmados por los ejércitos argentinos. Rivera era mestizo y amigo de las clases bajas, su mismo árbol genealógico se enraíza entre los indígenas nativos de nuestro país. No casualmente al reconquistar las misiones, Rivera libero a los indígenas y retornando junto con ellos a nuestras tierras, fundó los pueblos de Bella Unión (originalmente Santa Rosa) y el pueblo hoy desaparecido sobre el Río Negro en lo que hoy se llama Parque Andresito.

    Creo que hace falta más estudio para esta gente, que vayan a estudiar historia y no a realizar ceremonias de chamanes y otras pavadas que nada tienen que ver….

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  • el abril 15, 2011 a las 11:44 pm
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    Estoy totalmente de acuerdo con burn,ademas es la tesis que sostiene Sanguinetti, mas otros historiadores que ven las cosas un poco mas lucidas ya que por ejemplo no cometen el error de decir “EXTERMINIO de Salsipuedes donde murieron 40 y así tantos errores mas.por supuesto hay que respetar esa 40 personas y sus descendientes pero también hay que respetar a las victimas de los desmanes charruas.estoy de acuerdo con el recordatorio charrua ( pero que no sea este motivo para disstorcionar la historia).me parece que muchos (no todos) toman este echo con finalidad política por supuesto contra Rivera.estos ,una ez derribado el muro de berlin andan a los tumbos y ahora son todos ecologistas .como dijo Eduardo Victor Haedo :LAS ESTATUAS NO SE ODIAN

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  • el abril 12, 2011 a las 4:28 pm
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    hay que respetar todas las culturas , hay que reclamar que el 11 de abril sea declarado el genocidio de la nación charrua ,y que la memoria se abra camino ,lean GENOCIDIO DE LA POBLACIÓN CHARRUA de Eduardo Piserno ,que se presento ayer en el MEC…es una recopilación de documentos y partes militares que para suerte de las futuras generaciones están siendo revelados ,LA VERDAD, LA MEMORIA Y LA JUSTICIA se abren camino sin odio, pero con mucho respeto por los verdaderos dueños de estas tierras: LA NACIÓN CHARRUA.

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  • el abril 12, 2011 a las 6:00 am
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    por la claridad de sus conceptos y darnos la oportunidad de otra visión de los hechos .Tomo de sus palabras una frase :que miremos con respeto a ese pueblo charrúa es lo debido

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  • el abril 11, 2011 a las 12:31 pm
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    no existe una sola palabra charrúa, los últimos charrúas tenían nombres cristianos o guaraníes, menos todavía de la religión o creencias que tenían los charrúas y recrear sus ceremonias religiosas con vestimentas más propias de una película del oeste sólo merece un calificativo: payasesco. El hecho histórico de Salsipuedes es un hecho histórico en el cual Rivera actuó como un hombre de su época, quizás dentro de 200 años quienes aquí habiten nos juzguen como un montón de criminales ambientales porque teníamos millones de vacas dañando el medio ambiente, todo es posible en la futurología, ya que por lo visto también es posible en la reconstrucción de los charrúas.

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  • el abril 11, 2011 a las 12:29 pm
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    Concurrí desde la zona de Guichón como simple visitante, testigo por participantes familiares de los preparativos previos, seleccionar los caballos, preparar la comida para la marcha, etc. Todo un acontecimiento, más cuando la marcha se hace en una zona del país en la que no hay ni estaciones de nafta ni paradores ni nada que pueda abastecer al viajero, o sea que con lo que se sale se cuenta y si de algo te olvidaste… habrá que pedirlo de favor o improvisarlo.
    La marcha y todo el entorno es una gran fiesta gaucha, los caballos a cual con más estampa y brío, los aperos que son orgullo familiar y todo el mundo atendiendo las necesidades de los jinetes, comidas típicas y fácil un termo y mate por persona, aunque algunos llevaron dos. Un evento más del `tradicionalismo` uruguayo o sea de revivir la vida del gaucho y su entorno, desde Elías Regules hasta acá, está en nuestra sangre y basta ver la concurrencia a la Rural del Prado o a cualquier `criolla` en el interior para entenderlo.
    En medio de eso, unos veteranos, vestidos como `charrúas`, perdón, como chamanes charrúas, comienzan una ceremonia, supuestamente religiosa, todo el mundo calladito como en misa y los `chamanes` a los gritos en lo que se supone era idioma charrúa, hasta que a un muchacho le salió del alma: ¡Qué trucho que es esto! y la verdad que nos provocó una risa que debimos suprimir por el chisterío de los asistentes que nos miraban como si hubiéramos interrumpido al arzobispo.

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  • el abril 11, 2011 a las 12:27 pm
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    El Charruismo

    Desde hace un tiempo asistimos en el país a una floración de iniciativas destinadas a la exaltación de la tribu charrúa. No hemos heredado de ese pueblo primitivo ni una palabra de su precario idioma, ni el nombre de un poblado o una región, ni aun un recuerdo benévolo de nuestros mayores, españoles, criollos, jesuitas o militares, que invariablemente les describieron como sus enemigos, en un choque que duró más de dos siglos y les enfrentó a la sociedad hispano-criolla que sacrificadamente intentaba asentar familias y modos de producción, para incorporarse a la civilización occidental a la que pertenecemos.
    Su leyenda se adentró en el imaginario colectivo, en tiempos en que la afirmación de la identidad nacional reclamaba de mitología. Hoy, a dos siglos casi de existencia independiente, parecería llegada la hora de que la historia supere el mito, pero desgraciadamente, como en tantas otras cosas, venimos involucionando.
    El charruismo, como lo dice Oscar Padrón Favre, se basa en ocultamientos sustanciales, como el de la etnia guaraní misionera, esa sí fundamental en la construcción de nuestra sociedad, desde las murallas montevideanas, por ella levantadas, hasta la formación de nuestro ejército; desde la toponimia del país hasta su presencia en el quehacer de trabajo de esa gente que formó nuestro pueblo criollo.
    Resulta hasta ridículo explicar a los extranjeros que la palabra “Uruguay”, tanto como todas las de nuestra geografía, no proviene de los idealizados charrúas sino de la lengua guaraní. Se olvida también -quizás lo más importante a la luz del debate- que en nuestra vida republicana nadie quiso eliminar a los charrúas como personas sino barrer su toldería, modo de vida incompatible con la vida criolla, refugio de delincuentes, constante aliado del invasor portugués y del “bandeirante” traficante de esclavos, que procuraba allí la gente para secuestrar niños guaraníes o mujeres blancas y venderlas en Brasil.
    Fueron innúmeros los episodios de ese largo enfrentamiento en la etapa colonial. Recuérdese el del Yi, en 1702, acaso el mayor, en que el ejército guaraní, al mando de los padres jesuitas, mató -según su versión- a 500 guerreros, destruyó una toldería y envió a “cristianar” a las mujeres y niñas. Más tarde, y luego de un período de asaltos y treguas, en 1749, ante la noticia de una conspiración, el Gobernador de Buenos Aires, José de Andonaegui, llegó a cabo una campaña que terminó con la mayoría de esa población, que básicamente instalaba sus toldarías en Entre Ríos desde la fundación de Santa Fe (1573) y la aparición del ganado. Los jesuitas intentaron repetidamente civilizar a quienes sobrevivieron, pero sin éxito. De modo que el tema del enfrentamiento con los charrúas es un “choque de civilizaciones” que no se puede reducir a una mera batalla final, en Salsipuedes, cuando quedaban en nuestro territorio unos pocos cientos de ellos.
    Es verdad que en el período revolucionario hubo charrúas que se asociaron a la revolución artiguista, como también es verdad que en otras ocasiones, en que les convino, se juntaron con sus viejos aliados portugueses. Precisamente, para combatirlos fue que se había creado, en 1797, el cuerpo de Blandengues de la Frontera de Montevideo donde revistó nuestro prócer, Don José, nieto de Don Juan Martín Artigas, que había sido honrado con honores luego de un exitoso enfrentamiento con ellos. No olvidemos que cuando la dominación brasileña, Rivera le propuso a Lecor un plan de reducción de los charrúas, tratando de preservar sus vidas. Y que, ya instalado el gobierno provisorio de Lavalleja, el 24 de febrero de 1830, éste dio a Rivera la orden de atacarlos, para no dejar “a estos malvados a sus inclinaciones naturales y no conociendo freno alguno que los contenga”. Organizada la República, le tocó a Rivera librar en 1831 la tan discutida campaña, aprobada por la unanimidad del Parlamento, sin una voz en contra, dado el clamor del vecindario de la campaña.
    Tan poco “genocida” fue el choque de Salsipuedes, que murieron, según se supone, unos 40 charrúas y 300 fueron hechos prisioneros y enviados a Montevideo. Y los que sobrevivieron organizados dieron muerte, poco después, a Bernabé Rivera, principalísima figura del ejército patrio y sobrino del Presidente. Sin olvidar que el ejército nacional llevaba en sus filas un grueso de soldados guaraníes, eternos rivales de los charrúas.
    De modo que Salsipuedes fue, simplemente, un enfrentamiento entre tantos. Choque final, sí, para la toldería, modo de vida que estuvo condenado desde el primer día en que se afincó la civilización española en nuestras tierras.
    Es doloroso por el país que se use la historia de modo abusivo, fundamentalmente para denostar al General Rivera, a quien el país le debe los mayores esfuerzos en la lucha por la independencia. Como ha escrito Lincoln Maiztegui, Salsipuedes le tocó a Rivera, como le hubiera correspondido a Lavalleja, a Oribe o a Garzón si hubieran estado en la Presidencia en ese momento.
    Que miremos con respeto a ese pueblo charrúa es lo debido. Que lo glorifiquemos poco menos que como origen de nuestra sociedad, es algo peor que un clamoroso error histórico. Es una definición reaccionaria de un trasnochado nacionalismo romántico, que ubica al país en la mirada más primitiva de su pasado, atándolo a la violencia y al rencor por la sangre que derraman las civilizaciones en su proceso fundacional y no a los magníficos esfuerzos de tantos patriotas para consolidar la paz y abrir las rutas del progreso.

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