Bajar la cantidad de desperdicios.-

Por el Arquitecto Luis Fabre.

Seguimos dando batalla al pragmatismo. Si los uruguayos desechamos un kilo y medio de basura por día, más de dos toneladas solo en Montevideo,” hay que resolver el problema de recolección y ubicación de la misma” ¡Falso! Lo que la Sociedad debe hacer es bajar la cantidad de desperdicios. Este abordaje responde a una concepción distinta. La lógica de actuar sobre los efectos se aplicó desde los años 2000 en el País con los Asentamientos, que crecían al 8% anual mientras se resolvía el 2% de los casos. Hoy sabemos cuáles son los resultados. Para profundizar desarrollamos en un artículo sobre “el ciclo vital de los residuos” los fundamentos que sustentan su producción en la sociedad de consumo.

El verdadero ahorro

El ser humano intercambia energía y materia con la naturaleza. Metaboliza la materia para vivir transformándola en energía. En el macro sistema de todo el planeta, materia y energía son equivalentes, se complementan manteniendo un equilibrio sustentable. De manera que desperdiciar materia es desperdiciar energía. Mientras en el País se instrumentan cambios de fuentes de energía no renovables a otras que sí lo son, cada uno de nosotros tira al tacho de basura la que se usó para hacer el papel, el vidrio y el plástico. La que consumieron animales y plantas que forman los residuos orgánicos. Es mucho más que la eléctrica que ahorraremos con los paneles solares. Mientras no actuemos sobre las causas, los efectos nos superarán, como efectivamente lo vienen haciendo y permiten concluir que en los volúmenes de crecimiento actuales, eliminar los residuos es una utopía.

Viene de antes
El peor pecado de la ciencia moderna fue la confusión de su carácter finalista: una mejor vida para todos los hombres, al no vincularla simultáneamente a la naturaleza, al medio en que se desarrolla inevitablemente; al globo.

Las invenciones y el desarrollo tecnológico primaron en la búsqueda y el conocimiento científico durante todo el siglo pasado, con resultados espectaculares difundidos en la sociedad humana. Pero no mejoraron la vida, por contrario la distorsionaron, de los ecosistemas en el aire, mar y tierra del planeta.

El autosaneamiento de la naturaleza tiene límites, no puede absorber los desechos que en inconmensurables cantidad le volcamos, cuando además privamos a ésta de los elementos vivos, animales y plantas en extinción, que aportan a su equilibrio. Pero desperdiciar es solo un aspecto de lo que hacemos mal. Como todo sistema usa algo del otro, cuando lo que tiramos no se puede usar y no se biodegrada, agrede a otros en el ambiente, haciendo daño.

No asumir la responsabilidad entre todos; fabricantes y consumidores, implica en breve plazo medido en tiempos históricos, consecuencias negativas irreversibles.

En nuestra ciudad
Tan creciente es la cantidad de residuos, que dos aspectos, urbanamente hablando, nos superan. La recolección que no da abasto, distorsionada por la apropiación desordenada entre instituciones y personas- léase Intendencia y hurgadores – y la disposición final en espacios que la misma sociedad rechaza, por razones fundadas en la higiene y otras no declaradas como no ver la propia basura!

Mientras leemos sobre implementación de sistemas de reciclado, utilización de residuos para producir energía, ordenamiento de la recolección en la vía pública: ¿qué hay de la campaña de preselección domiciliaria en Pocitos? Sin promoción adecuada, sin preparación, sin ejemplos, sin seguimiento social, sin participación ciudadana organizada, no era otra muerte anunciada? ¿No se aprendió de la intentona de las bolsas naranjas? Debemos empezar aquí a ser protagonistas pues esta es una responsabilidad individual, de la que tenemos que hacernos cargo.

Hay medidas que se pueden tomar
Sobre la producción: Un sólo Decreto, obligando a que todos los envases sean biodegradables cambiaría la calidad de los residuos.

Sobre el acto y forma de desechar: un sólo Decreto obligando a que los residuos orgánicos sean separados, cambia todo el sistema de recolección haciendo de paso a la higiene de quienes comen de la basura y en los vertederos.

En la recolección: un sólo Decreto obligando a las empresas recolectoras a hacerse cargo de reciclar papeles y plásticos, cambiaría el sistema y de paso la ecuación económica de la recolección con ventajas para la Intendencia.

La permanencia de la ecuación capitalista por la cual cada problema, cada efecto nocivo, es una oportunidad de aprovechamiento, se traduce en que lo que beneficia a algunos, perjudica a muchos, en este caso a todos. Los desperdicios no son un negocio en puerta, son los síntomas manifiestos de una enfermedad social; el consumismo, difundida por la misma concepción capitalista. El desperdicio y la dilapidación no se redimen por el reciclaje; sí tal vez en parte por la reutilización.

Actuar sobre el origen
En una escala global, la explotación de recursos naturales, de donde salen los residuos, sin considerar la destrucción de ecosistemas, interpela los medios. La autolimitación conceptual del abordaje ambientalista, sin desmedro de sus virtudes, consiste en centrarse sobre la idoneidad de los medios de extracción y no sobre los fines. Aunque la extracción no contamine, no degrade y mantenga sustentable el medio ambiente, no debería admitirse que los recursos naturales se destinen al hiperconsumo. Ya desarrollaremos esto más adelante.-

Publicado en “La Onda Digital”.-

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *