Mi compromiso

20130502202104-nery-pinato-396x3001(Por Nery Pinatto).-
Darcy Ribeiro, antropólogo, educador, escritor y etnólogo brasileño (a quien tuve la suerte de conocerlo en la Fac. de Psicología) declaró el día que recibió el título de “DR. HONORIS CAUSA” en la Sorbona de París que: “fracasé en todo lo que intenté hacer. Traté de hacer una universidad seria y fracasé. Traté de salvar a los indígenas y fracasé. Intenté que Brasil se desarrollara de un modo autónomo y también fracasé. PERO MIS FRACASOS SON MIS VICTORIAS, PUES DETESTARÍA ESTAR EN EL LUGAR DE QUIENES ME VENCIERON”.
La Historia, como crónica de la evolución humana, es una moneda con dos caras. Cierto es que por lo común la escriben los ganadores, pero realmente la hacen los eternos perdedores: el pueblo trabajador, el intelectual comprometido, el político sensible y valiente.
En las páginas más olvidadas de la Historia se encuentran miles de millones de seres humanos que con su esfuerzo cotidiano producen la riqueza que algunos pocos privilegiados disfrutan.
Cuán grande es la brecha entre ricos y pobres? La diferencia de ingreso per cápita entre Suiza y Mozambique, por ejemplo, es de 400 a 1, a pesar de que el país africano es mucho más grande y más rico en recursos.
Se sabe que la riqueza es un imán irresistible y la pobreza un contaminante incontenible. Están indisoluble y conflictivamente unidas y la paz y la prosperidad de la humanidad depende de esa ecuación.
En nuestro país, más allá de la mentiras del gobierno, la pobreza no baja de, por lo menos, un cuarto de la población. Según el economista Antonio Elías (de la Red de Economistas de Izquierda), 33% de los niños uruguayos nacen bajo el índice de pobreza. Según el último Censo de Población, 46% de los niños uruguayos tienen alguna NBI…
Cómo puede entenderse esto en un país capaz de generar 50 mil millones de dólares de PBI y de haber tenido ingresos en la última década de más de 120 mil millones de dólares?
Sabemos muy bien del sufrimiento de de esos compatriotas y tenemos muy claro cual es nuestro lugar y nuestro deber: ayudar a conocer la realidad para poder cambiarla. A nosotros no nos seduce ningún canto de sirena, solamente la voz del pueblo necesitado.
Es común que me pregunten porqué hago lo que hago y lucho por lo que lucho. Muchos amigos me plantean permanentemente que debería dedicarme a mi profesión y generar recursos para mis hijos, y nada más. Como lo hacen la inmensa mayoría de los padres.
Pero, no. No puedo. Porque no quiero a este Uruguay como lo están haciendo, no lo quiero como Patria de mis hijos, así no.
Lo rechazo profundamente. Estoy plenamente convencido que este sistema económico, social y político profundizado por el Frente Amplio es el más perverso de cuantos se han creado porque transforma a los seres humanos en recursos humanos a nivel económico y en funcionales electorales a nivel político. Y en esa lógica de funcionamiento seguramente estará la definitiva destrucción de nuestra sociedad y inviabilidad del país.
Yo lucho por un país que tome de cada uno según su capacidad y le devuelva a cada uno según su necesidad. Es un ideal posible, y mucho más en nuestro Uruguay. No estamos condenados a aceptar resignadamente un país como el que nos están legando.
Podemos cambiarlo y debemos cambiarlo. Sería fantástico construir un país en donde no perdieran siempre los mismos y que el triunfo de uno sea el triunfo de todos. Un país donde todo fuera como debiera ser y no como algunos mandan que sea: la riqueza de un pueblo no se mide en dinero; la riqueza de un pueblo, la verdadera riqueza de un pueblo es su moral, su espíritu de lucha y su educación.
Alguna vez el Dalai Lama sostuvo que lo verdaderamente importante no es reconocer que vivimos en un mundo complejo e injusto, sino que lo verdaderamente importante es saber qué hacemos para mantenerlo así o qué hacemos para cambiarlo.
Sé que muchos me señalarán despectivamente como un idealista sin futuro, un rebelde irredento por lo que escribo y hago y que el Uruguay ya es un caso perdido y por algo nos gobiernan quienes nos gobiernan.
Yo creo que no. No hay nada más fuerte que la voluntad del hombre: para bien o para mal, la Historia está llena de ejemplos que sustentan esa verdad. Porque la voluntad del hombre se sustenta en la valentía para enfrentar los miedos, la sensibilidad para entender el sufrimiento de los más necesitados y el conocimiento para aprender el camino.
Y se sabe que todo peregrino se entiende con
el camino sin preguntarse porqué…

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