Bonificaciòn auxiliares de enfermerìa.-

images david doti aaaQuiero referirme a la situación en que desempeñan sus tareas las Auxiliares de Enfermería y la necesidad de que sean contempladas como corresponde en los requisitos para acogerse a la merecida jubilación. La realidad del trabajo de enfermería, al igual que cualquier otra actividad con un régimen de cuatro o cinco días trabajados y uno libre, es que quienes lo realizan sufren condiciones sociales que no se acercan a aquello de que el ser humano es un ser biosicosocial y que la salud es el equilibrio entre la persona y su medio ambiente. Para las Auxiliares de Enfermería es contradictorio educar hacia ese aspecto cuando su propia vida se desliza por otros parámetros: multiempleo, bajos salarios, pocos días libres, poca relación familiar, social y política. Además, quienes desempeñan tan importante función, deben hacerlo trabajando en la trastienda del ser humano, en contacto con lo más íntimo de sus emociones, sentimientos y/o con sus preferencias más cercanas, con sus cuerpos dolientes en las circunstancias más penosas que le toca vivir a todo ser humano en torno a la vida y la muerte. Nadie puede dudar que se trata de una profesión muy riesgosa para la salud del profesional, dependiendo del tipo de pacientes que deban atender pero seguramente, que a lo largo de su actividad profesional deberán atender pacientes que generarán altísimo riesgo para su salud personal, como es el caso de recibir un pinchazo con una aguja con la que previamente se puncionó a un paciente con el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), lo que genera una inmediata tensión sicológica y la urgencia de realizarse un tratamiento antes de que pasen seis horas para evitar contagiarse con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Si la situación se diera en la ciudad de Montevideo, sería fácilmente resuelta porque el centro que se ocupa de atender esas situaciones está aquí, pero para las enfermeras que se desempeñan en el interior del país, se convierte en un grave problema, sin dejar de considerar que el tratamiento no es infalible y, por lo tanto, hay situaciones donde no surte efecto. Si bien el ejemplo antes referido es -sin duda- el más patético, lamentablemente existen muchos tipos de enfermedades, muy contagiosas, como: hepatitis B, tuberculosis, estafilococo meticilino resistente, hantavirus, meningitis, y otras, suficientemente peligrosas como para que, a cada instante, esté en riesgo la vida de las enfermeras. A su vez, dicho riesgo deben asumirlo en un marco laboral de bajos salarios, que las obliga a trabajar en régimen de doble empleo, con doce o catorce horas diarias, lo que, como se podrá comprender, es estresante y trae aparejado la inevitable duplicación del riesgo, por estar mayor tiempo en contacto con los pacientes y, también, por el agotamiento de tantas horas de trabajo, factor que potencia los errores y, por lo tanto, aumenta el riesgo de contagios. El régimen de trabajo de cuatro o cinco días por uno libre, origina también complicaciones en la vida familiar, ya que la enfermera nunca sabe qué fines de semana o feriados podrá contar como libres, para planificarlos con anticipación, ni siquiera los días domingo, ya que dispondrá de uno libre cada cuatro o cinco fines de semana, es decir, que dispondrá de la cuarta o quinta parte de los domingos para disfrutar en familia y atender -como lo hacen la mayoría de las madres- a sus hijos. Parece muy difícil que esta situación pueda revertirse en el mediano plazo, por lo que consideramos que una forma de recompensarlas sería a través de las facilidades que pueda otorgarles el BPS, reduciéndoles los años de trabajo para acogerse a los beneficios jubilatorios. Conocemos que a nivel de la enseñanza se computa un año adicional cada tres o seis años trabajados (ya sea primaria o secundaria, respectivamente) y, en caso de enseñanza especial, se computa un año cada dos años trabajados. Pensamos que el caso planteado puede y debe atenderse con criterios similares, seguros de que no se les estaría regalando nada, sino que dicho beneficio lo tienen las Auxiliares de Enfermería bien merecido, ya que se lo han ganado con su esfuerzo y sacrificio -tanto personal como familiar-, y hasta arriesgando su propia salud por una causa altruista y humanitaria como lo es la atención de la salud y la vida de sus semejantes.

Esto ameritó en el período pasado que fuimos legisladores junto al diputado Pablo Abdala, la presentación de un proyecto de ley, que no fue tratado.

Lo mismo en este período pasó en este quinquenio, un nuevo proyecto de ley presentado por otros legisladores, además obtuvimos una entrevista con autoridades del BPS, pero sin resultados positivos, pensamos que al ser de estricta justicia debería ser contemplada su situación.

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